miércoles, 16 de abril de 2014

Polvo para dejar huellas

Había caminado para justificar al horizonte y como toda aventura que se da por curiosidad, pedía ofuscado explicaciones ante el descanso. Tantas leguas de respuestas requerían más preguntas combustibles, tan confundidos aquellos zapatos acostumbrados a tropezar con piedras, a implorar polvo para dejar huellas, se desataron por un poco de betún promesa.

Y pensó que Aquiles era tan débil como su talón y sin embargo fue su fortaleza para perdurar en la historia, la cual, ejemplificó al peor de los pecados con Judas y simplificó la política con Nerón de la manera más salomónica posible. ¿Hay motivos para celebrar al intento sin ser obsecuente con nuestra lealtad? Ajusticiar los retos nada tiene que ver con venerar las victorias, ellas se encuentran en la caída y no en la hipocresía del éxito, esa insatisfacción constante que te mueve hacia una actitud, así sea para mantener el equilibrio hasta llegar a la idea de inercia.

Afirmaba que ese conjunto de decisiones tomadas a las que llama experiencia, la condenarán como su obra y esta tendrá un sinfín de especialistas que la podrían haber ejecutado mejor que él, pero nadie podrá saber jamás del aliento contenido, la taquicardia de la revelación, el escalofrío de la inseguridad, el sudor de la incertidumbre o la impotencia del que te ve caer y no te levanta para ayudarte.

Y esperando complaciente como media sonrisa clavada a un costado... sentenció: "Ya me olvidaré de mis calzados y seré algo mejor que una pisada para convertirme en sendero. Ya me olvidaré de la distancia y seré algo más que un camino para convertirme en firmamento"