lunes, 13 de marzo de 2017

Para un Canaya no hay nada mejor que otro Canaya

Ya era hora de largarme sólo. Después de diecisiete años de trabajar en el rubro quería  formar mi propia empresa. Pero como decía el Negro Olmedo, si lo vamo hacer lo vamo hacer bien.
El lugar elegido era Resistencia y Corrientes, conozco la zona y a su gente, además desde hace tres años ya venía construyendo con unos amigos un pequeño sueño, una Filial de Central que reúnan a todos los centralistas de éstas ciudades. Cómo no me voy a enamorar si sólo miraba esta parte del litoral en dos colores, los mejores...
Era la cuarta fiesta anual que realizamos por el aniversario de su fundación. Si bien la oratoria se me da muy bien, siempre gana mi actitud de payaso para agarrar el micrófono y animar cualquier situación. Pero ésta no era cualquiera porque cada año se reivindica la pertenencia de una pasión, una fábrica de emociones que no para de trabajar, que puede unir a personas que por cualquier otro motivo no se hubieran juntado jamás. Eso me complica mucho, ya que después tengo que volver a Rosario y vivir unos días a Central en el noreste me perdura como una contradicción, la cual tira por la borda el slogan “Somos la Ciudad” ya que también somos un país carajo! Vení al Litoral que te lo vamos a demostrar! Te lo canto si querés… El terruño de éste amor es muy importante ya que le aporta ese valor cultural característico y único como si fuera un gran vino.
La distancia también es una ausencia, como lo es la soledad. Tenía que buscar la forma de volver más seguido y me entrené para eso por un año, aproveché la oportunidad para comenzar mi aventura con una gran empresa de la zona que la quería como cliente. No iba a ser fácil y como dijo Guardiola < perder es una posibilidad en el juego, jugar bien es lo único que asegura una modesta satisfacción incluso en la desgracia > Así que hice lobby, arme presentaciones, memoricé mi carta de venta, hasta un puntero láser me conseguí… Pero faltando pocos minutos antes que empiece el partido, me entero que entró un nuevo jugador, y no cualquiera, era el que iba a tomar la decisión de mi éxito. Tenía un nombre poco común, no sabía nada de él y la incertidumbre jugaba conmigo como esa mujer que tiene la fantasía del hombre como su mejor arma, la cual puede manipularte para bien o para mal.



Ya en la sala de reuniones, me sentía como Carbonari que después de remontar un cuatro a cero, me pedían que tenga piernas para patear un penal en la final. Lo tenía todo cocinado, estaban en la palma de mi mano pero la copa la iba a ganar si podía pegarle fuerte a la pelota y meterla como el Petaco, eso iba a suceder con la aprobación de éste nuevo personaje sombrío a mi conocimiento, que representaba la variable que no pude prever. Apareció como una grata sorpresa, como esa novia reciente que te llama diciendo < quedate tranquilo que ya me vino >. Apenas entró me grita ¡Hola canallón! y me da un abrazo. No lo podía creer... mientras él me recordaba que estuvo en la última fiesta que organizamos con la Filial y lo feliz que le hizo sentir todo el cariño auriazul en estas tierras.
A partir de ahí todo sucedió como menos lo esperaba. Porque uno siempre espera lo mejor pero se prepara para lo peor, en cambio lo que pasó fue extraordinario, él simplemente le dijo a mi público previamente convencido, que firmen mi propuesta sin dar más vueltas. Ese día conseguí un contrato y un amigo. Me volví a Rosario con esa linda sensación que “para un Canaya no hay nada mejor otro Canaya” y que el material de presentación y el puntero láser me lo iba a meter gratamente por el culo…


Por Mariano Frigini

domingo, 26 de febrero de 2017

¡Me cagaste el momento ocio pelotudo!

La verdad que era para recontra cagarlo a trompadas a ese pelotudo, y Ariel se le acercó, le habló al oído y lo calmó.  Igual si le embocaba una trompada al pelotudo ese, también era para felicitarlo. Cuando se acercó al vago pensé que él lo cruzaba... Pablito desde afuera miraba quien iba a saltar, no sé qué hubiera hecho si estaba lesionado pero parecía que se armaba el despelote en cualquier momento...

¿Cómo salimos? Menos siete, si nos hubieran hecho menos 10,  parecía que jugaban al chinchón con nosotros...   ¿Lo importante es competir? ¡Las pelotas! ¿El resultado es lo de menos? ¡Y sí! pero lo veníamos aguantando bien contra un equipo con varios jugadores de liga, íbamos dos a cero a bajo pero podés bajar un cambio, nos ordenamos un poco, nos paramos mejor en la cancha y trabajando a consciencia se puede remontar el resultado...

Hasta que un pelotudo del otro equipo calentó el partido. Te cuento.  Pasaron como veinticinco minutos sin un solo faul, ni una jugada dudosa o peligrosa, cuando éste salame le cobró mano a nuestro arquero fuera del área. No la vio nadie, solo él.
Está bien... si la querés cobrar estás en tu derecho pero pará... lo charlamos loco... Y de repente te encontrás con la prepotencia del Pelotudo. Lo suficientemente irracional para llamarlo soberbio. Ese tipo que te deja el gusto a vino berreta en las encías y no sabés si sentir piedad porque no se le debe parar la chota o quizás lástima porque que no le debe ganar “una” a la vida y se desespera por cualquier oportunidad. Parece que tiene tanto dolor que te pone a pensar si no querrá que le castiguen ya que no sabe cómo reclamar justicia con un poco de tacto o con gracia por lo menos. Además tratando de demostrar su impericia con un ejemplo tan inexperto y desubicado como para llamarle  a eso "viveza criolla". Y ya que estamos, si te esforzaste tanto para ser el recuerdo de la noche, no te vas a sentir bien si no lo contagiás a tu equipo viste... Ahí fue que por omisión o por inseguridad, sus compañeros lo apañaban. ¡Encima el conchudo del nueve te grita el gol en la cara! Pará campeón... que esto no es por los puntos, ni siquiera es por la cerveza... sólo te convertís en el boludo que lo justifica al otro.

¡Sos un gil! Le dijo Cuqui. Sonó seco y preciso. Mejor que haberlo puteado. ¿Te das cuenta que la mayoría estuvo laburando unas ocho o diez horas para ponerse los botines, hacer un fulbito y clavarse un asado a mitad de semana? ¡¿No te das cuenta que me cagaste el momento de ocio la puta que te pario?! ¿A caso no entendés que acabas de colgarte un cartel que dice "quebrame la pierna cuando entre al área", y ahí sí que vas a gritarme para cobrar el penal y para llamar una ambulancia pedazo de puto...?
El tema es que querés seguir jugando y vas masticando la bronca como esa coca amarga que se machaca adormeciendo el costado de la boca hasta que te cansas y tenés ganas de escupirla, junto con las amígdalas, toda esa furia de la impotencia deportiva.

¿Había que matarlo o por lo menos ajusticiarle sin querer un planchazo en el pecho? No creo, está mal la violencia y recordás que venías a disfrutar un buen momento con los pibes nada más. Ahora… ¿Es digno de sacarse por esto? ¿Se merecía una buena mano en el tabique? Tal vez sí. Pero ya está. Me duele lo de Eloy, nuestro arquero, que es más bueno que el Quaquer, verlo loco y tensionado como nunca lo vi. A Cuqui un escalón más abajo, el aplicarle ese "Gil" bien puesto, no lo liberó como lo podría haber hecho un buen sopapo en la jeta, y al pelado que hoy no puede caminar después del esfuerzo descomunal, sabiendo que se tuvo que ir a laburar casi sin poder pisar.





No te puedo negar, salvando la escena de ese payaso bárbaro, a nuestro equipo le falta una pretemporada de catorce meses por lo menos. Nuestro enganche le quedó debiendo a uno de los wines como treinta pesos del asado y otros treinta pases, mientras que el delantero se comió veinte goles sin contar los últimos veinte minutos para que termine el partido. Para nosotros que no somos futbolistas profesionales, este partido no nos da,  ni quita laureles, cada uno tendrá o buscará sus propios éxitos personales que son muy pero muy superiores al " éxito deportivo", no es que no quiera ganar pero tampoco ganar me hubiera dado nada que necesite más que unas horas con los amigos riendo distendidos por el baile que nos comimos tal vez y hubiera estado bien, quizás.



Sé que muchos querían la revancha antes de haber salido de la cancha esa noche pero me quedo con la arenga de Fernando cuando los juntó en el vestuario de la privacidad y a cada uno como un Chacho Coudet enternecido por la paternidad reciente les habló con la sabiduría del jugador que tenía unas cuantas finales perdidas sobre el lomo... << ¡Ninguna revancha carajo! Hay que estar bien lejos de los boludos muchachos... que son como las hormigas, que abundan, pido disculpas a las hormigas que son muy laburantes, y alejarse no solo en el rato de ocio, en la vida! ¡Lo más lejos posible! ¿Y qué piensan que va a suceder si te juntas con boludos? ¡Es difícil que las pases bien! Disfruten, estén contentos, sean felices, no busquen revancha, busquen alegría y paz. Debemos tener como consigna de vida, cambiar el ganar o perder por ganar y aprender. Muchachos no se caguen otro rato de ocio, nosotros somos buena gente, nos gusta disfrutar, nos gusta la amistad, nos gusta hacer el bien, dejen que los boludos vayan por otro camino>>  y fue contundente como esclarecedor cuando estás segado por la calentura del momento.                   

Y esto no terminó acá. Si hubiese quedado todo en el quilombito de la cancha, vaya y pase. Pero lo que pasó en la parrilla fue un asco. El tercer tiempo es sagrado, es el templo de la reconciliación y festejo por amar este hermoso deporte que nombramos Futbol. Seguramente Eloy, estando en su casa tranquilo, se habrá dicho <<  yo me calenté al pedo...el vago me hizo calentar con su actitud tan competitiva y a la vez patotera... lo más sabio hubiese sido ignorarlo >> Y no lo hizo... se tenía que sacar la duda y comprobar si este tipo realmente era tan tarado o solamente estaba actuando. Entonces, a manera de diálogo le mencionó al pelotudo, amablemente, que esa falta no tenía que haberla cobrado. Podes creer que este hijo de una remil y una puta se hizo el kapanga y empezó a despotricar sobre que éramos unas lloronas, que no nos bancamos el hacer sido aplastados futbolísticamente y prácticamente no sólo rompió códigos de camaradería sino también estuvo a punto cortar esa fina cuerda que sostiene la semblanza del guerrero que acepta su derrota y el jugador de potrero que si te vas de boca te revienta la cabeza.         

En ese instante el tiempo no sólo pasó lentamente sino que algo le pasó al tiempo. Los ojos de Eloy se abalanzaron sobre la yugular de este pibe cual puma que está a punto de inmovilizar a su presa. Y no se le ocurrió la mejor idea de empeorarla al decirle de manera burlesca << ay, me está mirando mal... >>. Se había comprado todos los número y se estaba por ganar una paliza.... ¿Viste como en las películas yanquis donde está ese tipo que se mandó una cagada y se siente tan culpable consigo mismo que entra a un bar, se emborracha y la piropea a la mina de un grandote para provocar que lo caguen bien a trompadas y lo dejen tirado en el callejón, solo para sentirse más miserable? Bueno, tal cual. Inmediatamente se le plantó el Pelado entre la francotiradora mirada asesina de Eloy y el blanco fijo de la trompa del infeliz, para desafiarlo con << ¿Qué querés? ¡¿Querés pelear?! >>

Antes de que le den la oportunidad de cometer el error de responderle, apareció la intervención de Ariel. Siempre fue recordado como un primer central aguerrido, brusco al tacto y sensible a los habilidosos que si lo pasaban, estos tenían que volverse hacía él para pedirle por favor que les devuelva, en el mejor de los casos, un tobillo, rodilla, etc. Esos capitanes que con un sólo grito le decía a su defensa << ¡Salimos! >> Y hasta el arquero salía... En fin, emocionalmente no se jodía con él. Sin embargo, hay veces que a uno le pesa la experiencia y puede dilucidar el bien común de las partes y se auto controló con facilidad para evitar la hecatombe, se pintó los labios dulcemente y al que había que pegarle lo tranquilizó arrimando un cerveza pacificadora. Realmente me sorprendió, hasta parecía que le quería vender un auto a cada uno. Roberto murmuró <

Sinceramente, analizo a la distancia los hechos y me reconforta saber que Ariel evitara lo inevitable, creo que la mayoría dieron mucho al aminorar sus temperamentos, sobre todo en la cancha, para no lamentar víctimas. Vuelvo a repetir que nunca es un buen negocio la violencia. Y bendigo a los que se superan y puede enamorar con el don de la palabra.

Yo por mi parte agradezco a Dios estar lesionado y no haber podido ir al encuentro. Si hubiera ido, seguramente me tocaba hacer el asado y ante esta situación, más sabiendo que "la parrilla no se mancha", y en eso estamos de acuerdo.....  Te puedo confesar, entre nosotros, que le hubiera ensartado una costilla de novillo bien caliente en el ojo izquierdo para luego degollarlo lentamente con una espada que tengo para los broshette, gritando despacito... muy despacito   <<¡No fue mano la puta que te pario!>>
Pero bueno, capaz la semana que viene no invitamos al pelotudo y lo enfrentamos a esos de vuelta, uno nunca sabe, tal vez nosotros no pero el fútbol siempre da revancha...


 Por Mariano Frigini.


miércoles, 22 de febrero de 2017

¡Un Round más Vicente!

Me llaman el “Tano” y nací en Rosario allá por el 22´. En mi familia eran todos laburantes y mi barrio Pichincha no daba muchas oportunidades pero yo sabía bien lo que me gustaba, el futbol y el boxeo. Desde pibe iba al Rosarino Boxing Club, donde me enseño mucho José Martínez y usaba el apodo de Kid Velero al subir a los rings, Ja ja ja. ¡Que época de oro! En la que uno aprendía a los golpes. Cómo me gustaba, abracé este deporte que nunca fue bien visto… Hasta mi padre un día me dijo ‘así que vos sos boxeador de la categoría pluma, ahora vas a pelear conmigo’, y empezó a cruzar unos golpes, me hacía pluma el viejo…
Todo era muy exigente en la educación, si regresaba a mi casa fuera del horario establecido mi madre me esperaba en la puerta y me hacía sentir el rigor por mi incumplimiento”, ay pobre mi viejita… Como todo joven de esos años marginados la pasión pasaba por el boxeo, la barra de muchachos y el fútbol de mi querido Rosario Central, donde jugué en la séptima y llegué hasta la primera división, pero después todo lo centrábamos en la milonga. Hacíamos deporte primero y nos preparábamos para cada velada de una manera especial, a la que asistíamos muy bien presentados cuando tocaba por ejemplo la orquesta de José y Domingo Sala,  o íbamos a verlo bailar a Alberto Donaire “El Cachafaz Rosarino”. 
A los 20 pirulos me mandaron hacer el servicio militar al Chaco, eso fue en el 43´ y no me fui más. En el Ejército, me fue bien, llegué a subteniente de Reserva y en los actos era el abanderado. ¡No sabés que bien me quedaba la ropa de fajina!… Siempre impecablemente presentada. 
Resistencia ya era mi hogar y creo que fui el primer Canaya que hubo en la ciudad, eso siempre lo hice notar… Me gane la vida de bancario, fui por muchos años cajero del Banco Español. Ahí conocí a mucha gente e hice grandes amistades, fue otra de las etapas lindas de mi vida en la que me brindé incondicionalmente. También así como no podía quitarme de la cabeza a mi Central, cuando el cuerpo me lo permitía, me ponía los guantes y descargaba  golpes en la bolsa para despuntar el vicio y no perder la costumbre. Tanto quise al boxeo que a mediados de los 50 fui entrenador del Equipo Chaqueño de Boxeo y  volqué mis humildes conocimientos en la Comisión Municipal de Resistencia, además de ser árbitro en noches memorables. 

Pero no me olvidé de mi otro amor, como hincha incondicional de Rosario Central, la vez que me tocó festejar un título nunca falté a la cita y no solo me ponía la camiseta, además portaba bastón y galera.
Y el tiempo se venía con todo y orgullosamente pedía un round más. Nunca bajé la guardia y el de “arriba” me regaló un hijo y el cariño incondicional de mi compañera Belkis, que me sostuvo siempre. Había que ponerle un poquito color a esto y puse un almacén de ramos generales en el centro, lo tuve por más de 40 años. Eso sí, todo auriazul, desde las paredes, los toneles, el mostrador, la fachada con sus rayas verticales que continuaban en la vereda con baldosas pintadas. ¡No sabés lo lindo que era, parecía que entrabas a Arroyito cuando visitaban mi boliche! Pero un día recibí el peor nocaut. Me estaba volviendo para la casa cuando en la vereda del Club Social se distrajo un chofer de colectivo y me arrastró por la calle. Se terminó la pelea Vicente.... Un mes estuve internado en terapia intensiva y lentamente recuperé los movimientos del cuerpo con el correr de los meses. En junio del 2000 se cerró el negocio y poco a poco se fueron destiñendo los colores, tanto de las paredes como del cuerpo. Ya ni siquiera hablaba, tal vez era el precio que tenía que pagar por tanta felicidad que dieron los años, pero preferí guardarme la bronca y callarme hasta una nueva alegría.
Y llegó, de manera escandalosa. Eran como 100 y coparon la vereda, pusieron banderas y hacían mucho ruido. Realmente no sabía que querían hacer. Yo en la silla de ruedas les asentí con la cabeza diciéndoles que sí. Me dijeron que son de la Filial de Central Puma Rodríguez, me querían conocer y homenajearme por ser el primer Canaya del Chaco. Viste que tenía razón pensé…. Ya con 92 peleas encima estas cosas o te matan o te emocionan. Esos pibes estuvieron todo el día restaurándome la fachada de casa. ¡Volvieron los colores carajo!  Me pintaron un gran escudo de Central en una de las paredes sobre el monumento a la bandera descascarado y el Hincha de Central que hizo el negro Fontanarrosa en la otra.






Se me piantaron unas lágrimas, me dejé llevar por ellas, no solo volví hablar, les conté un poco de mí y me permití ser feliz antes de que toque la campana y me vaya…
Hoy tengo la satisfacción de que el almacén es uno de los lugares históricos de la ciudad, porque los jóvenes que estudian en el colegio su historia, siempre asisten al lugar para lograr fotografías y algunos datos que vuelcan a sus trabajos presentados. Si sos de Central no podés pasar por acá y no llevarte también una foto de esa hermosa pintada tan lejos del Gigante.
En el 2015 me tiraron la toalla, y estoy orgulloso de cómo luché. Por las noches por ahí me escapo y me sumerjo en algún cuadrilátero y los domingos con azul y amarillo, desde la tercer bandeja me pinto el corazón…



Por Mariano Frigini

martes, 21 de febrero de 2017

Profeta en su tierra

En el Nuevo Testamento, cuando Jesús dijo que "el profeta no tiene honra en su propia tierra", desconocía claramente lo que podía generar un hincha de Central que veía en persona a su jugador favorito.
 _ ¡Che cámbiame el turno que éste fin de semana voy a ver al amor de mi vida después de tanto tiempo! Ese sábado te juro que hasta me perfumé, no se para qué pero estaba nervioso como cuando toqué mi primera teta. Alisté a mi pibe, con tres años y al fin le quedaba a su medida la camiseta que le regaló su tío cuando nació. Agarré su pequeña mochila con lo indispensable, la mamadera, un paquete de Chocolinas y nos fuimos en bondi al centro.
Esperamos una hora fuera del hotel Amerian de Resistencia hasta que bajen al lobby los jugadores y pasamos el rato charlando con un fotógrafo del diario La Capital, me dijo que ya tendrían que estar abajo porque iban a ir hasta la plaza 25 de mayo para un trote liviano. Me pareció extraño ya que el sábado a la tardecita era un loquero de gente y se iban a llevar a todos por delante.
Él me hizo una seña para mostrarme que ahí estaba el Chucky Medina, no le digas así que no le gusta. Y para tener su atención entre el grupo de periodistas, lo llamé como le decían en el barrio que lo vio crecer.
_ ¡Pelado! ¡Pela! Se dio vuelta y ya lo tenía a sus pies a mi hijo que le pedía upa.
_ ¡Hola Pelado yo soy cuñado de los hermanos Cabral de Villa Don Enrique, te mandan saludos!
_Uh! Jajaja, se reía recordando con picardía. Mandale un abrazo. ¿Dos bosteros y uno del rojo te conseguiste de cuñados?
_Y bueno. La familia no se elige pero se ponen juntos con su sobrino a verte jugar en la tele. Él es Tate y fana tuyo. Mañana no me lo dejan llevar a la cancha pero te va a seguir seguro desde casa. Alzalo que te saco una foto.



_ ¡Sí, dale! Que remerita Tate!  Todos alrededor se emocionaban por la simpatía del momento.
Al otro día estaba en plena convulsión, saltando en las gradas de la cancha de Huracán Corrientes, cuando recibo una llama al celular de mi viejo que vive en Rosario, diciéndome que su nieto estaba en la portada del diario Ovación y se leía “Profeta en su tierra. Medina abraza a un chiquito con la camiseta canalla”.



El gol del Chalo Castillejos completó un domingo perfecto, sin embargo me pesaba la distancia y la incertidumbre de volver a ver a mi equipo jugar pero me quedaba el consuelo que quizás ese abrazo provocó la pasión con la que grita cada gol mi hijo y eso Jesús… eso, solo lo pueden hacer los profetas.


Por Mariano Frigini

Canaya Paranoico




Me fui hasta Resistencia y estaba más paranoico que los ratones. Llegué al recital con la Canaya puesta y ella hacía rock sin que me moviera, las luces del escenario la hacían brillar, realmente se destacaba. Hubo alguien que lo notó y se acercó, tenía un yeso en el brazo y me mostró el escudo de Central dibujado él, no lo dude y nos abrazamos. 
Era Santiago, chaqueño y la primera generación de su familia en tener sangre auriazul en la zona. Yo le conté que por laburo me vine a Corrientes hace 4 años y otras cosas, uno se siente especial viste, cuando encontrás a un hermano de pasiones por más que no lo conozcas. Luego de charlar mucho nos despedimos y no nos volvimos a ver.Podes creer que el tipo fue averiguando y como le había dicho que vendía productos de limpieza al por mayor, preguntó un día en el supermercado Zorzon, clientes de su padre que les proveía aceites, quién les traía la lavandina. Le respondieron que se llama Ariel y es Canaya como él.
A los pocos días Santi me llamó para ir a Paraguay a ver a Central por la Libertadores. Y a partir de ahí comenzó un viaje paranoico que todavía no termina y quisiera que esto dure para siempre... Pero eso ya es otro
cuento...



Por Mariano Frigini

domingo, 19 de febrero de 2017

Un Rosario de oportunidades

No había mucho que decidir. El helicóptero del presidente despegó desde ese techo rosado y se llevó mi negocio con él. Luego de quebrar y bajar las persianas del gimnasio me puse la auriazul, agarré la moto y dejé un Rosario de oportunidades esquivas para volver a mi Corrientes.




La bajada del puente Gral. Belgrano me permitió tomar velocidad, como así de rápido pasaban los recuerdos y la promesa de nostalgia, me encontré con una avenida 3 de abril que guardaba lo mejor y lo peor en cada cruce de esquina, pero esta vez no me importó si era cara o cruz, nunca supe si fue suerte o destino y si ya estaba escrito o si escribiríamos de más, igual hubiera frenado la moto de todas formas…
Haciendo movimientos verticales en el pecho, como diseñando bastones con el pulgar y el índice hasta detenerse abruptamente con dos golpes a palma abierta en el corazón, bastó para que sea la señal que marcaría esa camaradería que sólo pueden dar los canayas cuando fraternizan sedientos de hermandad por su lejanía del Gigante y por ese porrón blanco como tibia de albañil que aplacaba un viaje largo.
Juampi y Pablito habían llegado hace un par de años, enseguida la amistad surgió para quedarse y poco a poco comencé a ver cómo el Paraná siguió su camino y en su parte más ancha nos trajo unos cantitos de hinchada, un par de goles y papelitos que se le cayeron a alguien alentando en la platea alta.
Creo que ahí nos infectamos con el virus Canaya. Y se luchó para tener ésta enfermedad que enorgullece. Porque bien sabés que no hace falta ser portador, tenés que contagiar. Implica plantarse en un bar a ver un partido siendo 3 contra 50 del equipo porteño de turno, es ser ese hincha militante que te para en la calle desesperado como si se te hubiera perdido tu hijo para preguntarte si sos de Central o te prestaron esa camiseta pero también tenías ese momento glorioso donde a los gritos se escuchaba: -Vos de que cuadro sos!? – Y del mismo que vos! Eso era suficiente para sellar con un abrazo la bienvenida.


Hasta que llegó el día en que desapareció el puente y Resistencia quedó cerquita. Lo contactaron por correo a Pablito y como esas pelotas que se meten en la ratonera en tiempo de descuento, ya contábamos con Leo y Santi que se cruzaban en una Trafic destartalada para verlo al Más Grande por la tele, para organizarnos y buscar hermanos, para soñar con construir nuestra propia casa, nuestra Filial.
 Todo pasó muy rápido. El puerto de Corrientes se encanayó y fue el faro para que muchos nos encontraran. La llamábamos La Pocilga, se asociaba con lo que representa a ese animal de futbol tan unido a la civilización y su evolución cultural, donde Miguel con los choris comunitarios y una tv de 14”, albergaba ese reducto con todo nuestro folclore centralista, rebalsando ese pequeño y estrecho kiosquito portuario. 
 Después de tantos años tampoco hay mucho por decidir. Termino de trabajar en mi nuevo gimnasio, me pongo la auriazul, encaro la 3 de abril pero ahora para subir el puente, ya no con la moto sino en auto, hoy se reúne mi Filial Chacho-Corrientes para comer un asado y recordarme que acá también encontré un Rosario y es de Central.


Por Mariano Frigini

Puteando desde el minuto uno

El día 11 de junio ya habían pasado 20 días que me había trasladado la empresa a Corrientes y el silencio del centro en ese hotel donde estaba parando tenía que acallarlo yendo  a algún lado, a ver si transmitían el partido Central.




¡Hoy moja el Rafa, estoy seguro! Cuando al término del primer tiempo ya no daba más de putear, como si estuviera en mi casa. Se me terminó el platito de papa fritas que acompaña la bebida y cuando se largó el segundo, no pasaron 5 minutos para que me encuentre otra vez como loco diciendo:
_ ¡Así no Colorado! ¡Es la pelota o el hombre! ¡O pasa uno o pasa el otro!  
_ ¿María Marta me haces traer otro fernet por favor? La encargada le respondió que ya me lo hacía llevar a la mesa, y al mismo tiempo le pedía al mozo, un morocho grandote, que disimule porque éste se burlaba por lo bajo cómo el rosarino recién llegado a Corrientes emulaba su frustración de forastero sin desperdiciar su tonada aporteñada.



 _Tatiiiii, Buuljuuuu!! Y bue…! ¡Pero la put...Tecla la conch e´tu hermana! Estudiantes nos ajustició 1 a 0 en nuestra cancha en ese Apertura del 2000 y la confitería del hotel Orly en pleno centro de la ciudad no me contuvo la bronca.
_ ¿Anda mal el Canalla eh…? se cagaban de risa dos pelotudos que pedían soda, la cual no se cobraba, de paso ligaban unos manises y pasaban la tarde hablando al pedo. Y el fernet sabe que sos toro es tu rodeo y a veces ser toro en rodeo ajeno no vale pena por un partido de mierda, así que las trompadas las tire puteando y me fui gritando que no sabían nada de futbol.
La cana ya había habilitado la calle Junín, pasaban las 16hs. y se hacía peatonal. La bronca la mastique como un chicle sin sabor hasta la plaza Cabral, sin saber que un año después le iba a gritar en la cara 7 goles a un grupito de bosteros en un barcito de la muerte. Ya no era extraño en la ciudad, cambié el fernet por la cerveza, la confitería por el bar y seguía puteando desde el minuto uno, más Canaya que nunca.



Por Mariano Frigini