sábado, 1 de julio de 2017

Festejar para sobrevivir


Festejar para sobrevivir decía la Vela Puerca y me sentía identificado en un sentimiento de nostalgia que se convirtió en victoria, en esas que aparecen sin que te des cuenta, esas de las cuales te tienen que avisar que ya ganaste y te tenés que frenar un poco para levantar la cabeza y mirar a quién le das el pase, sólo para contemplar lo que lograste que no es poco pero a vos te parece insuficiente.

¿Te preguntás Sobrevivir a qué?  Al sonido del Gigante que se disipaba a tantos kilómetros al noreste, a la fuerza que te daba la Y cuando decías Canaya cuando la LL era más popular. A la posición de las franjas de dos colores en una pared cualquiera, a la duda de si esa remera la usa porque le gusta o porque la siente, cuando lo vite a ese pibe caminar por la costanera.

Ahora tantos años después seguís festejando pero ya no para sobrevivir sino para trascender. Porque te la bancaste y conquistaste, ganaste tu lugar y la hiciste tuya. Hiciste esa Patria que es  donde uno quiere echar raíces y a partir de ahí desarrollarse. Pero no sólo lograste eso sino que también dejaste descendientes, trabajaste y educaste. Evangelizaste en cada esquina hasta ganarte el puerto y cruzaste no sólo el Paraná sino también navegaste el río Negro y ya no había monte ni impenetrable que te parara.

Llegaron como los cuatro goles del descanso eterno, desde los cuatro puntos cardinales para seguir cantando cuando creías que nadie te escuchaba para hacerla llegar más lejos. Ahora toda una región toma la posta y ves a niños llevar banderas auriazules que todavía nunca las hicieron flamear mientras caminaban por avenida Avellaneda rumbo al Gigante y te das cuenta todo lo que te falta por hacer por tu gente ya no querés tener Filiales en cada pueblo, ahora querés una familia centralista en cada litoraleño.

Y el NEA tratará de sobrevivirnos  mientras festejamos.   

Mariano Frigini

martes, 16 de mayo de 2017

Vuela Marco Vuela



- ¿Vos sos cabalero? – Sólo creo en San Guchito y en el Técnico de Central, que pavada me decís…  - Pero la semana previa al clásico te diste cuenta lo que pasó, porque algo pasó, no me lo podés negar…  - Bueno, veníamos de perder 2 a 1 y jugamos bien, aunque nos quedamos con bronca. – No, olvídate. No es eso. Vos sabés bien que estábamos bien pilas, empezamos a programar una buena juntada como siempre, parrilla, bombo todo las cosas raras comenzaron a aparecer…  - Y sí, tenés razón. Te reconozco que ya era viernes y estaba metido en un quilombo bárbaro. Yo la verdad no creo ni en el Destino, no soporto concebir una fuerza en este universo que pueda regir mi vida como si fuera una marioneta, pero tal vez es como dice mi jermu <  Si hay algo que tiene que pasar… va a pasar, es al pedo…>  - ¡Y claro! Escuchame una cosita, un montón de pibes andaban con historias complicadas, había uno que se estaba por divorciar a otro lo rajaron de la casa, el mismo Santi tenía que viajar a Paraguay ese fin de semana…, a Fabián le cambiaron la guardia para que la cubra en la hora del partido y para variar se anunciaba tormenta para esa fecha, déjate de joder…

- ¿Pero cómo salió todo tan bien? ¿Cábala? – No sé. Recordemos un poco. Hubo gente que el mismo sábado, solucionaron todos sus problemas o de repente ya no eran tan importantes. A Mariano le dijeron el viernes que no trabaje ese domingo, estaba a pata con toda la comida para el asado y le aparecieron tres autos para llevarlo. A Santi la aduana no lo dejó cruzar por que se olvidó el DNI de su pibe, al otro le ofrecieron una casa, al que se quedó sin guita salto uno que lo ayudo y llegó, salió el puto sol… ¿Te estás dando cuenta? – Tengamos en presente que todos sabíamos que la íbamos a pasar bien. – El tema que lo raro no termina ahí… A mí me dijeron que nunca perdimos un Clásico comiendo un asado en el quincho de Hierros Líder.  –Sin ir más lejos Ariel me contó que siempre ganamos cuando él miró un partido al lado del Loro Gaitán y lo tenía que llevar sí o sí  a la juntada. – Apa! Que detalle, fijate que el gol del Pachi si bien fue muy parecido al de Niell, donde el Lalo Delgado pasa entre dos y le da el pase, acá Camacho se la brinda con un taco entre dos jugadores, en definitiva lo termina haciendo un volante como era él. ¡¿Y Que me contás del gol de Marquito?!  - Dejando de lado la gran “Viejo Casale”  de la cábala de Ariel, debo reconocer que Dani me mostró la foto de su tradicional gualicho que hizo antes de salir de su casa, donde arma esa cruz de sal con dos velas encendidas frente a la foto de la palomita de Poy.


–¡Esto asusta! ¡Todos compararon ese gol con el de Aldo! ¡Pareciera que el mismo Negro Gonzalez se lo hubiera puesto en la cabeza!  – Sí, a lado mío estaba el Loro que me decía <  Marco no podría ver la pelota llegar, pero sabía que debía tirarse antes para poder interceptarla >   - No fue adivino, es entrenamiento, jugada preparada con un toque de  suerte, pero justo ese momento… contra los Pechos… y con su abuelo recientemente en la tercer bandeja… 


- Jajaja, que loco esto y vos no sabías pero  al asador se le estaba dificultando por todo lo que tenía que cocinar cuando apareció Fabián con la 9 original, cazó un delantal diciendo <  Por suerte mi jefe me aviso que cubra la guardia de la noche recién, en qué te puedo ayudar Friyi >  Entre los dos parecían El Chelito y Figueroa en sus buenos tiempos con la parrilla.  – Que te parece con lo que morfamos antes del partido… encima terminó el segundo tiempo y trajeron a la mesa el postre: un lechoncito bien dorado… como si ya no hubiera llenado con verle la cara a tantos pingüinos Jajaja.  – Me parece algo místico lo que ocurrió ese día porque si le tenemos que sumar el pase largo del Loncho al Chaco Herrera para el tercer gol, es idéntico al de Nery para Ruben,  en la última vez que le ganamos.  – Mirá, no sé si tiene algo que ver con los gualichos o con la obra divina pero de lo que estoy seguro es que juntarnos con la Filial a comer un asado y ver a nuestro querido Central nos hace bien, nos da suerte si querés y me parece que hablo por todos al decirte que ese momento no se traiciona. Porque hacer lo posible para verlo feliz al tipo que tengo al lado mío, abrazado y cantando por esto colores no tiene precio.  – Pienso lo mismo, y creo que la cábala somos nosotros…

Por Mariano Frigini

sábado, 29 de abril de 2017

Rosario Central conoció a Ali Babá y no a sus 40 ladrones.

Dicen que la copa era de oro macizo con incrustaciones de piedras preciosas, ese cuadrangular en Yakarta, Indonesia es todavía un misterio para mí. En 1975, Un equipo campeón argentino ganó también ese trofeo y camino a sus tierras pasaron por la capital de mi país, Teherán.  Traían una camiseta de franjas verticales, en un gris claro y oscuro. La televisión de la época no tenía color y si bien en el noticiero nos daría la burda explicación de cuál era el azul y el amarillo que vestía Poy o Killer, con mis hermanos le pusimos la imaginación y armamos las nuestras para el equipo del barrio con unas franjas más finitas, allá en mi querida ciudad natal de Tabriz, Irán. Jamás supe cuál era el nombre de eso campeones y seis años después los misterios se revelaban de a poco.




La ciudad que en años de Carlo Magno fue parte de la ruta de la seda, me obligó a salir de ella para viajar por caminos desconocidos del occidente. En su momento no lo supe pero como el tiempo entendí que así como la religión que profeso, me dice que ésta buscará siempre hacer posible nuestro destino común, me encontré un 24 de febrero del 81´ en Rosario, el lugar donde la vida me marcó que tenía que estar. La primera señal me la dio a un pibe en la peatonal Córdoba con la camiseta Central y me di cuenta que ya era hincha a 24 mil kilómetros de distancia, de que mi equipo estaba acá. La segunda señal llegó cuando me enteré el apodo que tenían, no es casualidad que mi sangre viene de un pueblo de guerreros, jamás podría ser fresco… La iluminación quizás apareció cuando fui a ver mi primer clásico, ganamos 1 a 0, y ese gol que grité en la tribuna que da al Regatas entró en mi corazón como un susurro, como una revelación progresiva, esa que inconscientemente me guio a formar una gran familia en estas tierras, que vengo cultivando en libertad hace más de 30 años.


Mis amigos me llaman cariñosamente Babá por mi acento. Y en lo que milenios atrás fue Persia, dejé una raíz arrancada en nostalgia que vuelve siempre, hasta con un tango de Gardel pero en este país dejaré un potencial amigo en cada habitante, muchos frutos canayas de descendencia iraní y un tatuaje en mi pierna con el escudo y bandera del glorioso club Rosario Central.

Por Mariano Frigini

lunes, 13 de marzo de 2017

Para un Canaya no hay nada mejor que otro Canaya

Ya era hora de largarme sólo. Después de diecisiete años de trabajar en el rubro quería  formar mi propia empresa. Pero como decía el Negro Olmedo, si lo vamo hacer lo vamo hacer bien.
El lugar elegido era Resistencia y Corrientes, conozco la zona y a su gente, además desde hace tres años ya venía construyendo con unos amigos un pequeño sueño, una Filial de Central que reúnan a todos los centralistas de éstas ciudades. Cómo no me voy a enamorar si sólo miraba esta parte del litoral en dos colores, los mejores...
Era la cuarta fiesta anual que realizamos por el aniversario de su fundación. Si bien la oratoria se me da muy bien, siempre gana mi actitud de payaso para agarrar el micrófono y animar cualquier situación. Pero ésta no era cualquiera porque cada año se reivindica la pertenencia de una pasión, una fábrica de emociones que no para de trabajar, que puede unir a personas que por cualquier otro motivo no se hubieran juntado jamás. Eso me complica mucho, ya que después tengo que volver a Rosario y vivir unos días a Central en el noreste me perdura como una contradicción, la cual tira por la borda el slogan “Somos la Ciudad” ya que también somos un país carajo! Vení al Litoral que te lo vamos a demostrar! Te lo canto si querés… El terruño de éste amor es muy importante ya que le aporta ese valor cultural característico y único como si fuera un gran vino.
La distancia también es una ausencia, como lo es la soledad. Tenía que buscar la forma de volver más seguido y me entrené para eso por un año, aproveché la oportunidad para comenzar mi aventura con una gran empresa de la zona que la quería como cliente. No iba a ser fácil y como dijo Guardiola < perder es una posibilidad en el juego, jugar bien es lo único que asegura una modesta satisfacción incluso en la desgracia > Así que hice lobby, arme presentaciones, memoricé mi carta de venta, hasta un puntero láser me conseguí… Pero faltando pocos minutos antes que empiece el partido, me entero que entró un nuevo jugador, y no cualquiera, era el que iba a tomar la decisión de mi éxito. Tenía un nombre poco común, no sabía nada de él y la incertidumbre jugaba conmigo como esa mujer que tiene la fantasía del hombre como su mejor arma, la cual puede manipularte para bien o para mal.



Ya en la sala de reuniones, me sentía como Carbonari que después de remontar un cuatro a cero, me pedían que tenga piernas para patear un penal en la final. Lo tenía todo cocinado, estaban en la palma de mi mano pero la copa la iba a ganar si podía pegarle fuerte a la pelota y meterla como el Petaco, eso iba a suceder con la aprobación de éste nuevo personaje sombrío a mi conocimiento, que representaba la variable que no pude prever. Apareció como una grata sorpresa, como esa novia reciente que te llama diciendo < quedate tranquilo que ya me vino >. Apenas entró me grita ¡Hola canallón! y me da un abrazo. No lo podía creer... mientras él me recordaba que estuvo en la última fiesta que organizamos con la Filial y lo feliz que le hizo sentir todo el cariño auriazul en estas tierras.
A partir de ahí todo sucedió como menos lo esperaba. Porque uno siempre espera lo mejor pero se prepara para lo peor, en cambio lo que pasó fue extraordinario, él simplemente le dijo a mi público previamente convencido, que firmen mi propuesta sin dar más vueltas. Ese día conseguí un contrato y un amigo. Me volví a Rosario con esa linda sensación que “para un Canaya no hay nada mejor otro Canaya” y que el material de presentación y el puntero láser me lo iba a meter gratamente por el culo…


Por Mariano Frigini

domingo, 26 de febrero de 2017

¡Me cagaste el momento ocio pelotudo!

La verdad que era para recontra cagarlo a trompadas a ese pelotudo, y Ariel se le acercó, le habló al oído y lo calmó.  Igual si le embocaba una trompada al pelotudo ese, también era para felicitarlo. Cuando se acercó al vago pensé que él lo cruzaba... Pablito desde afuera miraba quien iba a saltar, no sé qué hubiera hecho si estaba lesionado pero parecía que se armaba el despelote en cualquier momento...

¿Cómo salimos? Menos siete, si nos hubieran hecho menos 10,  parecía que jugaban al chinchón con nosotros...   ¿Lo importante es competir? ¡Las pelotas! ¿El resultado es lo de menos? ¡Y sí! pero lo veníamos aguantando bien contra un equipo con varios jugadores de liga, íbamos dos a cero a bajo pero podés bajar un cambio, nos ordenamos un poco, nos paramos mejor en la cancha y trabajando a consciencia se puede remontar el resultado...

Hasta que un pelotudo del otro equipo calentó el partido. Te cuento.  Pasaron como veinticinco minutos sin un solo faul, ni una jugada dudosa o peligrosa, cuando éste salame le cobró mano a nuestro arquero fuera del área. No la vio nadie, solo él.
Está bien... si la querés cobrar estás en tu derecho pero pará... lo charlamos loco... Y de repente te encontrás con la prepotencia del Pelotudo. Lo suficientemente irracional para llamarlo soberbio. Ese tipo que te deja el gusto a vino berreta en las encías y no sabés si sentir piedad porque no se le debe parar la chota o quizás lástima porque que no le debe ganar “una” a la vida y se desespera por cualquier oportunidad. Parece que tiene tanto dolor que te pone a pensar si no querrá que le castiguen ya que no sabe cómo reclamar justicia con un poco de tacto o con gracia por lo menos. Además tratando de demostrar su impericia con un ejemplo tan inexperto y desubicado como para llamarle  a eso "viveza criolla". Y ya que estamos, si te esforzaste tanto para ser el recuerdo de la noche, no te vas a sentir bien si no lo contagiás a tu equipo viste... Ahí fue que por omisión o por inseguridad, sus compañeros lo apañaban. ¡Encima el conchudo del nueve te grita el gol en la cara! Pará campeón... que esto no es por los puntos, ni siquiera es por la cerveza... sólo te convertís en el boludo que lo justifica al otro.

¡Sos un gil! Le dijo Cuqui. Sonó seco y preciso. Mejor que haberlo puteado. ¿Te das cuenta que la mayoría estuvo laburando unas ocho o diez horas para ponerse los botines, hacer un fulbito y clavarse un asado a mitad de semana? ¡¿No te das cuenta que me cagaste el momento de ocio la puta que te pario?! ¿A caso no entendés que acabas de colgarte un cartel que dice "quebrame la pierna cuando entre al área", y ahí sí que vas a gritarme para cobrar el penal y para llamar una ambulancia pedazo de puto...?
El tema es que querés seguir jugando y vas masticando la bronca como esa coca amarga que se machaca adormeciendo el costado de la boca hasta que te cansas y tenés ganas de escupirla, junto con las amígdalas, toda esa furia de la impotencia deportiva.

¿Había que matarlo o por lo menos ajusticiarle sin querer un planchazo en el pecho? No creo, está mal la violencia y recordás que venías a disfrutar un buen momento con los pibes nada más. Ahora… ¿Es digno de sacarse por esto? ¿Se merecía una buena mano en el tabique? Tal vez sí. Pero ya está. Me duele lo de Eloy, nuestro arquero, que es más bueno que el Quaquer, verlo loco y tensionado como nunca lo vi. A Cuqui un escalón más abajo, el aplicarle ese "Gil" bien puesto, no lo liberó como lo podría haber hecho un buen sopapo en la jeta, y al pelado que hoy no puede caminar después del esfuerzo descomunal, sabiendo que se tuvo que ir a laburar casi sin poder pisar.





No te puedo negar, salvando la escena de ese payaso bárbaro, a nuestro equipo le falta una pretemporada de catorce meses por lo menos. Nuestro enganche le quedó debiendo a uno de los wines como treinta pesos del asado y otros treinta pases, mientras que el delantero se comió veinte goles sin contar los últimos veinte minutos para que termine el partido. Para nosotros que no somos futbolistas profesionales, este partido no nos da,  ni quita laureles, cada uno tendrá o buscará sus propios éxitos personales que son muy pero muy superiores al " éxito deportivo", no es que no quiera ganar pero tampoco ganar me hubiera dado nada que necesite más que unas horas con los amigos riendo distendidos por el baile que nos comimos tal vez y hubiera estado bien, quizás.



Sé que muchos querían la revancha antes de haber salido de la cancha esa noche pero me quedo con la arenga de Fernando cuando los juntó en el vestuario de la privacidad y a cada uno como un Chacho Coudet enternecido por la paternidad reciente les habló con la sabiduría del jugador que tenía unas cuantas finales perdidas sobre el lomo... << ¡Ninguna revancha carajo! Hay que estar bien lejos de los boludos muchachos... que son como las hormigas, que abundan, pido disculpas a las hormigas que son muy laburantes, y alejarse no solo en el rato de ocio, en la vida! ¡Lo más lejos posible! ¿Y qué piensan que va a suceder si te juntas con boludos? ¡Es difícil que las pases bien! Disfruten, estén contentos, sean felices, no busquen revancha, busquen alegría y paz. Debemos tener como consigna de vida, cambiar el ganar o perder por ganar y aprender. Muchachos no se caguen otro rato de ocio, nosotros somos buena gente, nos gusta disfrutar, nos gusta la amistad, nos gusta hacer el bien, dejen que los boludos vayan por otro camino>>  y fue contundente como esclarecedor cuando estás segado por la calentura del momento.                   

Y esto no terminó acá. Si hubiese quedado todo en el quilombito de la cancha, vaya y pase. Pero lo que pasó en la parrilla fue un asco. El tercer tiempo es sagrado, es el templo de la reconciliación y festejo por amar este hermoso deporte que nombramos Futbol. Seguramente Eloy, estando en su casa tranquilo, se habrá dicho <<  yo me calenté al pedo...el vago me hizo calentar con su actitud tan competitiva y a la vez patotera... lo más sabio hubiese sido ignorarlo >> Y no lo hizo... se tenía que sacar la duda y comprobar si este tipo realmente era tan tarado o solamente estaba actuando. Entonces, a manera de diálogo le mencionó al pelotudo, amablemente, que esa falta no tenía que haberla cobrado. Podes creer que este hijo de una remil y una puta se hizo el kapanga y empezó a despotricar sobre que éramos unas lloronas, que no nos bancamos el hacer sido aplastados futbolísticamente y prácticamente no sólo rompió códigos de camaradería sino también estuvo a punto cortar esa fina cuerda que sostiene la semblanza del guerrero que acepta su derrota y el jugador de potrero que si te vas de boca te revienta la cabeza.         

En ese instante el tiempo no sólo pasó lentamente sino que algo le pasó al tiempo. Los ojos de Eloy se abalanzaron sobre la yugular de este pibe cual puma que está a punto de inmovilizar a su presa. Y no se le ocurrió la mejor idea de empeorarla al decirle de manera burlesca << ay, me está mirando mal... >>. Se había comprado todos los número y se estaba por ganar una paliza.... ¿Viste como en las películas yanquis donde está ese tipo que se mandó una cagada y se siente tan culpable consigo mismo que entra a un bar, se emborracha y la piropea a la mina de un grandote para provocar que lo caguen bien a trompadas y lo dejen tirado en el callejón, solo para sentirse más miserable? Bueno, tal cual. Inmediatamente se le plantó el Pelado entre la francotiradora mirada asesina de Eloy y el blanco fijo de la trompa del infeliz, para desafiarlo con << ¿Qué querés? ¡¿Querés pelear?! >>

Antes de que le den la oportunidad de cometer el error de responderle, apareció la intervención de Ariel. Siempre fue recordado como un primer central aguerrido, brusco al tacto y sensible a los habilidosos que si lo pasaban, estos tenían que volverse hacía él para pedirle por favor que les devuelva, en el mejor de los casos, un tobillo, rodilla, etc. Esos capitanes que con un sólo grito le decía a su defensa << ¡Salimos! >> Y hasta el arquero salía... En fin, emocionalmente no se jodía con él. Sin embargo, hay veces que a uno le pesa la experiencia y puede dilucidar el bien común de las partes y se auto controló con facilidad para evitar la hecatombe, se pintó los labios dulcemente y al que había que pegarle lo tranquilizó arrimando un cerveza pacificadora. Realmente me sorprendió, hasta parecía que le quería vender un auto a cada uno. Roberto murmuró <

Sinceramente, analizo a la distancia los hechos y me reconforta saber que Ariel evitara lo inevitable, creo que la mayoría dieron mucho al aminorar sus temperamentos, sobre todo en la cancha, para no lamentar víctimas. Vuelvo a repetir que nunca es un buen negocio la violencia. Y bendigo a los que se superan y puede enamorar con el don de la palabra.

Yo por mi parte agradezco a Dios estar lesionado y no haber podido ir al encuentro. Si hubiera ido, seguramente me tocaba hacer el asado y ante esta situación, más sabiendo que "la parrilla no se mancha", y en eso estamos de acuerdo.....  Te puedo confesar, entre nosotros, que le hubiera ensartado una costilla de novillo bien caliente en el ojo izquierdo para luego degollarlo lentamente con una espada que tengo para los broshette, gritando despacito... muy despacito   <<¡No fue mano la puta que te pario!>>
Pero bueno, capaz la semana que viene no invitamos al pelotudo y lo enfrentamos a esos de vuelta, uno nunca sabe, tal vez nosotros no pero el fútbol siempre da revancha...


 Por Mariano Frigini.


miércoles, 22 de febrero de 2017

¡Un Round más Vicente!

Me llaman el “Tano” y nací en Rosario allá por el 22´. En mi familia eran todos laburantes y mi barrio Pichincha no daba muchas oportunidades pero yo sabía bien lo que me gustaba, el futbol y el boxeo. Desde pibe iba al Rosarino Boxing Club, donde me enseño mucho José Martínez y usaba el apodo de Kid Velero al subir a los rings, Ja ja ja. ¡Que época de oro! En la que uno aprendía a los golpes. Cómo me gustaba, abracé este deporte que nunca fue bien visto… Hasta mi padre un día me dijo ‘así que vos sos boxeador de la categoría pluma, ahora vas a pelear conmigo’, y empezó a cruzar unos golpes, me hacía pluma el viejo…
Todo era muy exigente en la educación, si regresaba a mi casa fuera del horario establecido mi madre me esperaba en la puerta y me hacía sentir el rigor por mi incumplimiento”, ay pobre mi viejita… Como todo joven de esos años marginados la pasión pasaba por el boxeo, la barra de muchachos y el fútbol de mi querido Rosario Central, donde jugué en la séptima y llegué hasta la primera división, pero después todo lo centrábamos en la milonga. Hacíamos deporte primero y nos preparábamos para cada velada de una manera especial, a la que asistíamos muy bien presentados cuando tocaba por ejemplo la orquesta de José y Domingo Sala,  o íbamos a verlo bailar a Alberto Donaire “El Cachafaz Rosarino”. 
A los 20 pirulos me mandaron hacer el servicio militar al Chaco, eso fue en el 43´ y no me fui más. En el Ejército, me fue bien, llegué a subteniente de Reserva y en los actos era el abanderado. ¡No sabés que bien me quedaba la ropa de fajina!… Siempre impecablemente presentada. 
Resistencia ya era mi hogar y creo que fui el primer Canaya que hubo en la ciudad, eso siempre lo hice notar… Me gane la vida de bancario, fui por muchos años cajero del Banco Español. Ahí conocí a mucha gente e hice grandes amistades, fue otra de las etapas lindas de mi vida en la que me brindé incondicionalmente. También así como no podía quitarme de la cabeza a mi Central, cuando el cuerpo me lo permitía, me ponía los guantes y descargaba  golpes en la bolsa para despuntar el vicio y no perder la costumbre. Tanto quise al boxeo que a mediados de los 50 fui entrenador del Equipo Chaqueño de Boxeo y  volqué mis humildes conocimientos en la Comisión Municipal de Resistencia, además de ser árbitro en noches memorables. 

Pero no me olvidé de mi otro amor, como hincha incondicional de Rosario Central, la vez que me tocó festejar un título nunca falté a la cita y no solo me ponía la camiseta, además portaba bastón y galera.
Y el tiempo se venía con todo y orgullosamente pedía un round más. Nunca bajé la guardia y el de “arriba” me regaló un hijo y el cariño incondicional de mi compañera Belkis, que me sostuvo siempre. Había que ponerle un poquito color a esto y puse un almacén de ramos generales en el centro, lo tuve por más de 40 años. Eso sí, todo auriazul, desde las paredes, los toneles, el mostrador, la fachada con sus rayas verticales que continuaban en la vereda con baldosas pintadas. ¡No sabés lo lindo que era, parecía que entrabas a Arroyito cuando visitaban mi boliche! Pero un día recibí el peor nocaut. Me estaba volviendo para la casa cuando en la vereda del Club Social se distrajo un chofer de colectivo y me arrastró por la calle. Se terminó la pelea Vicente.... Un mes estuve internado en terapia intensiva y lentamente recuperé los movimientos del cuerpo con el correr de los meses. En junio del 2000 se cerró el negocio y poco a poco se fueron destiñendo los colores, tanto de las paredes como del cuerpo. Ya ni siquiera hablaba, tal vez era el precio que tenía que pagar por tanta felicidad que dieron los años, pero preferí guardarme la bronca y callarme hasta una nueva alegría.
Y llegó, de manera escandalosa. Eran como 100 y coparon la vereda, pusieron banderas y hacían mucho ruido. Realmente no sabía que querían hacer. Yo en la silla de ruedas les asentí con la cabeza diciéndoles que sí. Me dijeron que son de la Filial de Central Puma Rodríguez, me querían conocer y homenajearme por ser el primer Canaya del Chaco. Viste que tenía razón pensé…. Ya con 92 peleas encima estas cosas o te matan o te emocionan. Esos pibes estuvieron todo el día restaurándome la fachada de casa. ¡Volvieron los colores carajo!  Me pintaron un gran escudo de Central en una de las paredes sobre el monumento a la bandera descascarado y el Hincha de Central que hizo el negro Fontanarrosa en la otra.






Se me piantaron unas lágrimas, me dejé llevar por ellas, no solo volví hablar, les conté un poco de mí y me permití ser feliz antes de que toque la campana y me vaya…
Hoy tengo la satisfacción de que el almacén es uno de los lugares históricos de la ciudad, porque los jóvenes que estudian en el colegio su historia, siempre asisten al lugar para lograr fotografías y algunos datos que vuelcan a sus trabajos presentados. Si sos de Central no podés pasar por acá y no llevarte también una foto de esa hermosa pintada tan lejos del Gigante.
En el 2015 me tiraron la toalla, y estoy orgulloso de cómo luché. Por las noches por ahí me escapo y me sumerjo en algún cuadrilátero y los domingos con azul y amarillo, desde la tercer bandeja me pinto el corazón…



Por Mariano Frigini

martes, 21 de febrero de 2017

Profeta en su tierra

En el Nuevo Testamento, cuando Jesús dijo que "el profeta no tiene honra en su propia tierra", desconocía claramente lo que podía generar un hincha de Central que veía en persona a su jugador favorito.
 _ ¡Che cámbiame el turno que éste fin de semana voy a ver al amor de mi vida después de tanto tiempo! Ese sábado te juro que hasta me perfumé, no se para qué pero estaba nervioso como cuando toqué mi primera teta. Alisté a mi pibe, con tres años y al fin le quedaba a su medida la camiseta que le regaló su tío cuando nació. Agarré su pequeña mochila con lo indispensable, la mamadera, un paquete de Chocolinas y nos fuimos en bondi al centro.
Esperamos una hora fuera del hotel Amerian de Resistencia hasta que bajen al lobby los jugadores y pasamos el rato charlando con un fotógrafo del diario La Capital, me dijo que ya tendrían que estar abajo porque iban a ir hasta la plaza 25 de mayo para un trote liviano. Me pareció extraño ya que el sábado a la tardecita era un loquero de gente y se iban a llevar a todos por delante.
Él me hizo una seña para mostrarme que ahí estaba el Chucky Medina, no le digas así que no le gusta. Y para tener su atención entre el grupo de periodistas, lo llamé como le decían en el barrio que lo vio crecer.
_ ¡Pelado! ¡Pela! Se dio vuelta y ya lo tenía a sus pies a mi hijo que le pedía upa.
_ ¡Hola Pelado yo soy cuñado de los hermanos Cabral de Villa Don Enrique, te mandan saludos!
_Uh! Jajaja, se reía recordando con picardía. Mandale un abrazo. ¿Dos bosteros y uno del rojo te conseguiste de cuñados?
_Y bueno. La familia no se elige pero se ponen juntos con su sobrino a verte jugar en la tele. Él es Tate y fana tuyo. Mañana no me lo dejan llevar a la cancha pero te va a seguir seguro desde casa. Alzalo que te saco una foto.



_ ¡Sí, dale! Que remerita Tate!  Todos alrededor se emocionaban por la simpatía del momento.
Al otro día estaba en plena convulsión, saltando en las gradas de la cancha de Huracán Corrientes, cuando recibo una llama al celular de mi viejo que vive en Rosario, diciéndome que su nieto estaba en la portada del diario Ovación y se leía “Profeta en su tierra. Medina abraza a un chiquito con la camiseta canalla”.



El gol del Chalo Castillejos completó un domingo perfecto, sin embargo me pesaba la distancia y la incertidumbre de volver a ver a mi equipo jugar pero me quedaba el consuelo que quizás ese abrazo provocó la pasión con la que grita cada gol mi hijo y eso Jesús… eso, solo lo pueden hacer los profetas.


Por Mariano Frigini