jueves, 1 de julio de 2010

Si están leyendo esta carta es por que me mataron.

       Queridos amigos:


       Eh tratado por un tiempo demasiado extenso de escabullirme a mi destino fatal gracias a la ayuda pretenciosa de la religión, de las buenas costumbres, de los que depende de mí y de los que dijeron que yo sería lo último que perderían. Y por ser el sueño del hombre que sueña despierto, me convertí en el reposo que presagia su propia muerte.
     
        Evidentemente alguien hizo justicia por mano propia, tal vez esto era lo mejor. Ya que me procreaban en cada dolor que sustituía al mundo y me criaban en cada pena que forma otro universo.
       
        No quiero que piensen que esta es una carta suicida. Se muy bien quien me mató, fue un asesino gracioso y yo fui su víctima discreta. ¿Acaso pensaban que era la acumulación de lo insoportable que se asume o la invasión de los males sin la excusa de la causalidad?... Esos asesinos matan por matar, en cambio el que me dio fin, no se ve todos los días.


         Es por eso que debo confesarme: Yo soy caída perpendicular sobre vuestro espanto, salvación cayendo como un rayo en medio de sus búsquedas que ni yo mismo lograré engañar, anulación sin paliativos de sus orgullos desconsolados y voluntariamente inconsolables, encaminamiento del individuo por un apartadero, paro del corazón por falta de inquietudes... ¿Qué mayor motivos tendrían ustedes de renunciar a mi existencia? Es cierto que sin mi, se aventuran en una infinidad de callejones sin salida. Pero incluso sabiendo que nada puede llevar a nada, que el universo es solamente un subproducto de sus tristezas, por qué sacrificarían ese placer de tropezar y romperse la cabeza contra la tierra y el cielo.. Las soluciones que proponen sus cobardías arrastradas son las peores deserciones al deber de decencia intelectual. Equivocarse, vivir y morir engañándolos, he ahí lo que me dejan hacer los hombres. Pero existe una dignidad que los preserva de desaparecer en mi y que transforma todos los instantes en oraciones que jamás me harán: La ACCION. Ella fue la que me dio muerte…


  
         Me despido. No me extrañen. Ya no quiero reposar sobre la nada, porque carezco hasta de la sombra misma de un argumento. Les pido por favor que no vivan en la espera, en lo que todavía no es, ya que ésta no acepta el desequilibrio estimulante que supone la idea de porvenir.
  
         Crean en sí mismos. Amen el movimiento y la improbabilidad fecunda del deseo, el que permite no desaprender del éxtasis que le dio la vida.


          Pandora no tenía que abrir la caja… Yo también era una de los males.


                                  Lamento haber sido para muchos una forma de vivir…


                                                                Adiós. Con Cariño, La Esperanza.

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