lunes, 5 de julio de 2010

Ensayo sobre el devenir de nuestras insatisfacciones.

No hay nada más satisfactorio que encontrar la satisfacción, tanto en lo emocional como lo intelectual.
Siguiendo este anhelo batallamos toda nuestra vida con el fin de cumplirlos. Como si esto ya no fuera complejo, disponemos de una gran gama de comportamientos que se despliegan de manera aleatoria, enmarcados en una serie de simulaciones mentales.

Es tal vez por eso que a diferencia de otros animales, a nosotros no nos hace falta tener una leona hambrienta frente a frente para sentir stress, ya que fácilmente la podemos imaginar a ella y a sus cachorros saboreándonos. Pero claro, como somos la especie más racional de todas y contradictoriamente, también la más emocional, que no consideramos que vale la pena emprender alguna empresa sino está motivada por emociones. Las mismas que nos dejan actuar inteligentemente al tomar decisiones sólo ante la presencia de la incertidumbre. Como el devenir, ese gran incierto, el cual queremos a toda costa que sea previsible utilizando distintos mecanismos de anticipación que permitan construir alternativas de lo que podría suceder para qué al llegar el momento de los hechos, tengamos una respuesta asertiva ya disponible.

Entonces cometemos el error, por un lado, a plasmar lo deseable y por el otro lado, esbozamos mentalmente distintas variedades de desgracias, provocándonos temor, sufrimiento, ansiedad, etc..
Cuando la imprevisibilidad no es necesariamente el signo de un conocimiento falso o imperfecto, es el resultado de la naturaleza de las cosas y por eso es fundamental dejarle su lugar y su cualidad.
De modo que hay que sostener conscientemente la información ausente, esa que tiene que ver con la incapacidad de predecir y controlar, con la incapacidad para hacer una descripción completa de lo que está sucediendo; ya que ciertas paradojas no llevan al límite del pensamiento lógico, racional y ordenado; obligando a la mente a moverse en espiral y realizar repeticiones lógicas mientras se intenta resolver el problema, cuando puede que no halla solución para este desde el contexto en que se encuentra. Ahí es donde podemos presentir que algo falta y nos demuestra que nuestro concepto de realidad está incompleto.

Esta es nuestra oportunidad de ser creativos e incluir que tal vez seamos esa información ausente que estábamos buscando.
Debido a ese afán de encontrarla, nuestra mera presencia perturba la cuota de verdad sobre los hechos, verdad que expresaría la vinculación individual con el todo, en otras palabras, no podemos meter la totalidad en el bolsillo ya que el bolsillo, es parte de esa totalidad, y como los dilemas y dificultades se enfrentan a nuestros deseos de dividir el mundo en dualidades ilusorias, de colocar los conceptos en sus categorías adecuadas y después levantar muros fronterizos alrededor de todo lo que ignoramos, esto nos crea un caos mental donde se hace imperioza la creatividad para afrontarlo, la cual logrará cambiar y auto reorganizar la percepción de la realidad.
Además, ser creativos no permitiría aprender a vivir en dicho caos y no, a controlarlo y predecirlo. Hemos de enfocar la cuestión desde el punto de vista de que nosotros también somos parte del caos. No nos podemos considerar como elementos aparte, y si conseguimos incluirnos en él, desaparecería el concepto de yo y mi circunstancia como así también el problema para controlarla. Por supuesto que esto implicaría observar las cosas, olvidándonos de todo nuestros prejuicios y gustos, permitiendo así que el observador, lo observado y el proceso de observación se convierta en una sola cosa; dándole a nuestra vida dicha oportunidad a la creatividad y la percepción auto organizada que, nos pone en contacto con la magia que nos alumbró; siempre y cuando, seamos capaces de abandonar los atropellos emocionales de los juicios de valor, los hábitos mecánicos, el ego, las imágenes del yo y el mundo y las concepciones del pasado y futuro.

Quizás en este contexto puedan existir, dentro del equilibrio que contiene el orden del caos y el caos del orden, ciertas formas de bienestar más profundas o alguna manera de ser feliz, que no dependan de reiterar mecánicamente y sin sentido placeres y éxitos, al mismo tiempo que evitar los dolores.

Por Mariano Frigini.