miércoles, 22 de febrero de 2017

¡Un Round más Vicente!

Me llaman el “Tano” y nací en Rosario allá por el 22´. En mi familia eran todos laburantes y mi barrio Pichincha no daba muchas oportunidades pero yo sabía bien lo que me gustaba, el futbol y el boxeo. Desde pibe iba al Rosarino Boxing Club, donde me enseño mucho José Martínez y usaba el apodo de Kid Velero al subir a los rings, Ja ja ja. ¡Que época de oro! En la que uno aprendía a los golpes. Cómo me gustaba, abracé este deporte que nunca fue bien visto… Hasta mi padre un día me dijo ‘así que vos sos boxeador de la categoría pluma, ahora vas a pelear conmigo’, y empezó a cruzar unos golpes, me hacía pluma el viejo…
Todo era muy exigente en la educación, si regresaba a mi casa fuera del horario establecido mi madre me esperaba en la puerta y me hacía sentir el rigor por mi incumplimiento”, ay pobre mi viejita… Como todo joven de esos años marginados la pasión pasaba por el boxeo, la barra de muchachos y el fútbol de mi querido Rosario Central, donde jugué en la séptima y llegué hasta la primera división, pero después todo lo centrábamos en la milonga. Hacíamos deporte primero y nos preparábamos para cada velada de una manera especial, a la que asistíamos muy bien presentados cuando tocaba por ejemplo la orquesta de José y Domingo Sala,  o íbamos a verlo bailar a Alberto Donaire “El Cachafaz Rosarino”. 
A los 20 pirulos me mandaron hacer el servicio militar al Chaco, eso fue en el 43´ y no me fui más. En el Ejército, me fue bien, llegué a subteniente de Reserva y en los actos era el abanderado. ¡No sabés que bien me quedaba la ropa de fajina!… Siempre impecablemente presentada. 
Resistencia ya era mi hogar y creo que fui el primer Canaya que hubo en la ciudad, eso siempre lo hice notar… Me gane la vida de bancario, fui por muchos años cajero del Banco Español. Ahí conocí a mucha gente e hice grandes amistades, fue otra de las etapas lindas de mi vida en la que me brindé incondicionalmente. También así como no podía quitarme de la cabeza a mi Central, cuando el cuerpo me lo permitía, me ponía los guantes y descargaba  golpes en la bolsa para despuntar el vicio y no perder la costumbre. Tanto quise al boxeo que a mediados de los 50 fui entrenador del Equipo Chaqueño de Boxeo y  volqué mis humildes conocimientos en la Comisión Municipal de Resistencia, además de ser árbitro en noches memorables. 

Pero no me olvidé de mi otro amor, como hincha incondicional de Rosario Central, la vez que me tocó festejar un título nunca falté a la cita y no solo me ponía la camiseta, además portaba bastón y galera.
Y el tiempo se venía con todo y orgullosamente pedía un round más. Nunca bajé la guardia y el de “arriba” me regaló un hijo y el cariño incondicional de mi compañera Belkis, que me sostuvo siempre. Había que ponerle un poquito color a esto y puse un almacén de ramos generales en el centro, lo tuve por más de 40 años. Eso sí, todo auriazul, desde las paredes, los toneles, el mostrador, la fachada con sus rayas verticales que continuaban en la vereda con baldosas pintadas. ¡No sabés lo lindo que era, parecía que entrabas a Arroyito cuando visitaban mi boliche! Pero un día recibí el peor nocaut. Me estaba volviendo para la casa cuando en la vereda del Club Social se distrajo un chofer de colectivo y me arrastró por la calle. Se terminó la pelea Vicente.... Un mes estuve internado en terapia intensiva y lentamente recuperé los movimientos del cuerpo con el correr de los meses. En junio del 2000 se cerró el negocio y poco a poco se fueron destiñendo los colores, tanto de las paredes como del cuerpo. Ya ni siquiera hablaba, tal vez era el precio que tenía que pagar por tanta felicidad que dieron los años, pero preferí guardarme la bronca y callarme hasta una nueva alegría.
Y llegó, de manera escandalosa. Eran como 100 y coparon la vereda, pusieron banderas y hacían mucho ruido. Realmente no sabía que querían hacer. Yo en la silla de ruedas les asentí con la cabeza diciéndoles que sí. Me dijeron que son de la Filial de Central Puma Rodríguez, me querían conocer y homenajearme por ser el primer Canaya del Chaco. Viste que tenía razón pensé…. Ya con 92 peleas encima estas cosas o te matan o te emocionan. Esos pibes estuvieron todo el día restaurándome la fachada de casa. ¡Volvieron los colores carajo!  Me pintaron un gran escudo de Central en una de las paredes sobre el monumento a la bandera descascarado y el Hincha de Central que hizo el negro Fontanarrosa en la otra.






Se me piantaron unas lágrimas, me dejé llevar por ellas, no solo volví hablar, les conté un poco de mí y me permití ser feliz antes de que toque la campana y me vaya…
Hoy tengo la satisfacción de que el almacén es uno de los lugares históricos de la ciudad, porque los jóvenes que estudian en el colegio su historia, siempre asisten al lugar para lograr fotografías y algunos datos que vuelcan a sus trabajos presentados. Si sos de Central no podés pasar por acá y no llevarte también una foto de esa hermosa pintada tan lejos del Gigante.
En el 2015 me tiraron la toalla, y estoy orgulloso de cómo luché. Por las noches por ahí me escapo y me sumerjo en algún cuadrilátero y los domingos con azul y amarillo, desde la tercer bandeja me pinto el corazón…



Por Mariano Frigini