domingo, 26 de febrero de 2017

¡Me cagaste el momento ocio pelotudo!

La verdad que era para recontra cagarlo a trompadas a ese pelotudo, y Ariel se le acercó, le habló al oído y lo calmó.  Igual si le embocaba una trompada al pelotudo ese, también era para felicitarlo. Cuando se acercó al vago pensé que él lo cruzaba... Pablito desde afuera miraba quien iba a saltar, no sé qué hubiera hecho si estaba lesionado pero parecía que se armaba el despelote en cualquier momento...

¿Cómo salimos? Menos siete, si nos hubieran hecho menos 10,  parecía que jugaban al chinchón con nosotros...   ¿Lo importante es competir? ¡Las pelotas! ¿El resultado es lo de menos? ¡Y sí! pero lo veníamos aguantando bien contra un equipo con varios jugadores de liga, íbamos dos a cero a bajo pero podés bajar un cambio, nos ordenamos un poco, nos paramos mejor en la cancha y trabajando a consciencia se puede remontar el resultado...

Hasta que un pelotudo del otro equipo calentó el partido. Te cuento.  Pasaron como veinticinco minutos sin un solo faul, ni una jugada dudosa o peligrosa, cuando éste salame le cobró mano a nuestro arquero fuera del área. No la vio nadie, solo él.
Está bien... si la querés cobrar estás en tu derecho pero pará... lo charlamos loco... Y de repente te encontrás con la prepotencia del Pelotudo. Lo suficientemente irracional para llamarlo soberbio. Ese tipo que te deja el gusto a vino berreta en las encías y no sabés si sentir piedad porque no se le debe parar la chota o quizás lástima porque que no le debe ganar “una” a la vida y se desespera por cualquier oportunidad. Parece que tiene tanto dolor que te pone a pensar si no querrá que le castiguen ya que no sabe cómo reclamar justicia con un poco de tacto o con gracia por lo menos. Además tratando de demostrar su impericia con un ejemplo tan inexperto y desubicado como para llamarle  a eso "viveza criolla". Y ya que estamos, si te esforzaste tanto para ser el recuerdo de la noche, no te vas a sentir bien si no lo contagiás a tu equipo viste... Ahí fue que por omisión o por inseguridad, sus compañeros lo apañaban. ¡Encima el conchudo del nueve te grita el gol en la cara! Pará campeón... que esto no es por los puntos, ni siquiera es por la cerveza... sólo te convertís en el boludo que lo justifica al otro.

¡Sos un gil! Le dijo Cuqui. Sonó seco y preciso. Mejor que haberlo puteado. ¿Te das cuenta que la mayoría estuvo laburando unas ocho o diez horas para ponerse los botines, hacer un fulbito y clavarse un asado a mitad de semana? ¡¿No te das cuenta que me cagaste el momento de ocio la puta que te pario?! ¿A caso no entendés que acabas de colgarte un cartel que dice "quebrame la pierna cuando entre al área", y ahí sí que vas a gritarme para cobrar el penal y para llamar una ambulancia pedazo de puto...?
El tema es que querés seguir jugando y vas masticando la bronca como esa coca amarga que se machaca adormeciendo el costado de la boca hasta que te cansas y tenés ganas de escupirla, junto con las amígdalas, toda esa furia de la impotencia deportiva.

¿Había que matarlo o por lo menos ajusticiarle sin querer un planchazo en el pecho? No creo, está mal la violencia y recordás que venías a disfrutar un buen momento con los pibes nada más. Ahora… ¿Es digno de sacarse por esto? ¿Se merecía una buena mano en el tabique? Tal vez sí. Pero ya está. Me duele lo de Eloy, nuestro arquero, que es más bueno que el Quaquer, verlo loco y tensionado como nunca lo vi. A Cuqui un escalón más abajo, el aplicarle ese "Gil" bien puesto, no lo liberó como lo podría haber hecho un buen sopapo en la jeta, y al pelado que hoy no puede caminar después del esfuerzo descomunal, sabiendo que se tuvo que ir a laburar casi sin poder pisar.





No te puedo negar, salvando la escena de ese payaso bárbaro, a nuestro equipo le falta una pretemporada de catorce meses por lo menos. Nuestro enganche le quedó debiendo a uno de los wines como treinta pesos del asado y otros treinta pases, mientras que el delantero se comió veinte goles sin contar los últimos veinte minutos para que termine el partido. Para nosotros que no somos futbolistas profesionales, este partido no nos da,  ni quita laureles, cada uno tendrá o buscará sus propios éxitos personales que son muy pero muy superiores al " éxito deportivo", no es que no quiera ganar pero tampoco ganar me hubiera dado nada que necesite más que unas horas con los amigos riendo distendidos por el baile que nos comimos tal vez y hubiera estado bien, quizás.



Sé que muchos querían la revancha antes de haber salido de la cancha esa noche pero me quedo con la arenga de Fernando cuando los juntó en el vestuario de la privacidad y a cada uno como un Chacho Coudet enternecido por la paternidad reciente les habló con la sabiduría del jugador que tenía unas cuantas finales perdidas sobre el lomo... << ¡Ninguna revancha carajo! Hay que estar bien lejos de los boludos muchachos... que son como las hormigas, que abundan, pido disculpas a las hormigas que son muy laburantes, y alejarse no solo en el rato de ocio, en la vida! ¡Lo más lejos posible! ¿Y qué piensan que va a suceder si te juntas con boludos? ¡Es difícil que las pases bien! Disfruten, estén contentos, sean felices, no busquen revancha, busquen alegría y paz. Debemos tener como consigna de vida, cambiar el ganar o perder por ganar y aprender. Muchachos no se caguen otro rato de ocio, nosotros somos buena gente, nos gusta disfrutar, nos gusta la amistad, nos gusta hacer el bien, dejen que los boludos vayan por otro camino>>  y fue contundente como esclarecedor cuando estás segado por la calentura del momento.                   

Y esto no terminó acá. Si hubiese quedado todo en el quilombito de la cancha, vaya y pase. Pero lo que pasó en la parrilla fue un asco. El tercer tiempo es sagrado, es el templo de la reconciliación y festejo por amar este hermoso deporte que nombramos Futbol. Seguramente Eloy, estando en su casa tranquilo, se habrá dicho <<  yo me calenté al pedo...el vago me hizo calentar con su actitud tan competitiva y a la vez patotera... lo más sabio hubiese sido ignorarlo >> Y no lo hizo... se tenía que sacar la duda y comprobar si este tipo realmente era tan tarado o solamente estaba actuando. Entonces, a manera de diálogo le mencionó al pelotudo, amablemente, que esa falta no tenía que haberla cobrado. Podes creer que este hijo de una remil y una puta se hizo el kapanga y empezó a despotricar sobre que éramos unas lloronas, que no nos bancamos el hacer sido aplastados futbolísticamente y prácticamente no sólo rompió códigos de camaradería sino también estuvo a punto cortar esa fina cuerda que sostiene la semblanza del guerrero que acepta su derrota y el jugador de potrero que si te vas de boca te revienta la cabeza.         

En ese instante el tiempo no sólo pasó lentamente sino que algo le pasó al tiempo. Los ojos de Eloy se abalanzaron sobre la yugular de este pibe cual puma que está a punto de inmovilizar a su presa. Y no se le ocurrió la mejor idea de empeorarla al decirle de manera burlesca << ay, me está mirando mal... >>. Se había comprado todos los número y se estaba por ganar una paliza.... ¿Viste como en las películas yanquis donde está ese tipo que se mandó una cagada y se siente tan culpable consigo mismo que entra a un bar, se emborracha y la piropea a la mina de un grandote para provocar que lo caguen bien a trompadas y lo dejen tirado en el callejón, solo para sentirse más miserable? Bueno, tal cual. Inmediatamente se le plantó el Pelado entre la francotiradora mirada asesina de Eloy y el blanco fijo de la trompa del infeliz, para desafiarlo con << ¿Qué querés? ¡¿Querés pelear?! >>

Antes de que le den la oportunidad de cometer el error de responderle, apareció la intervención de Ariel. Siempre fue recordado como un primer central aguerrido, brusco al tacto y sensible a los habilidosos que si lo pasaban, estos tenían que volverse hacía él para pedirle por favor que les devuelva, en el mejor de los casos, un tobillo, rodilla, etc. Esos capitanes que con un sólo grito le decía a su defensa << ¡Salimos! >> Y hasta el arquero salía... En fin, emocionalmente no se jodía con él. Sin embargo, hay veces que a uno le pesa la experiencia y puede dilucidar el bien común de las partes y se auto controló con facilidad para evitar la hecatombe, se pintó los labios dulcemente y al que había que pegarle lo tranquilizó arrimando un cerveza pacificadora. Realmente me sorprendió, hasta parecía que le quería vender un auto a cada uno. Roberto murmuró <

Sinceramente, analizo a la distancia los hechos y me reconforta saber que Ariel evitara lo inevitable, creo que la mayoría dieron mucho al aminorar sus temperamentos, sobre todo en la cancha, para no lamentar víctimas. Vuelvo a repetir que nunca es un buen negocio la violencia. Y bendigo a los que se superan y puede enamorar con el don de la palabra.

Yo por mi parte agradezco a Dios estar lesionado y no haber podido ir al encuentro. Si hubiera ido, seguramente me tocaba hacer el asado y ante esta situación, más sabiendo que "la parrilla no se mancha", y en eso estamos de acuerdo.....  Te puedo confesar, entre nosotros, que le hubiera ensartado una costilla de novillo bien caliente en el ojo izquierdo para luego degollarlo lentamente con una espada que tengo para los broshette, gritando despacito... muy despacito   <<¡No fue mano la puta que te pario!>>
Pero bueno, capaz la semana que viene no invitamos al pelotudo y lo enfrentamos a esos de vuelta, uno nunca sabe, tal vez nosotros no pero el fútbol siempre da revancha...


 Por Mariano Frigini.